13.3.15

Relato de la noche en silencio

     Julia avanza volcando sus pasos hacia las tinieblas más oscuras. Los grillos la aturden mientras sus pies desnudos se hunden en el barro.
     Mira las estrellas ocultas entre las nubes. Busca la luna, pero no la encuentra. Se habrá perdido, piensa sin dejar de avanzar por el descampado al que ha llegado desde ningún lugar. Reflexiona unos segundos sobre sus pasos y sus párpados caen mientras su rostro, pálido como la nieve, se congela en la penumbra. 
     Julia avanza sin saber hacia dónde. Tampoco recuerda de dónde viene. Ya ni siquiera sabe si es Julia pues la noche le ha absorbido el alma y las estrellas la han enmudecido. La noche la hunde en un inmenso temor que la hace arrodillarse. Se hinca sobre sus rodillas y sus dedos esqueléticos acarician sus sienes congeladas. Se desconsuela mutilándose con la noche que se ha callado. Se arrastra por el pasto. Ya no puede avanzar. En vano intenta levantarse. Siente una vez más que la noche lúgubre la absorbe. Y llora lágrimas inútiles.
     Hay un descampado. Las estrellas, las nubes recargadas a punto de llover y la noche, que calla hasta los gritos más desaforados que piden auxilio. Un descampado y la noche sin luna. Nada más.